Teruel, la seducción del Mudéjar

 

Teruel existe. Esta campaña dio notoriedad a la provincia de Teruel en 1999, reclamando para la zona más atención e infraestructuras. Hoy ese lema sigue viniendo a la mente cuando se piensa en la ciudad aragonesa y puede servir también para animar a conocer uno de los núcleos medievales más hermosos y con monumentos mejor conservados de España. No en vano, Teruel está considerada como la Capital del Mudéjar y es también conocida por los famosos Amantes de Teruel, una de las leyendas más famosas de España.

Teruel es una ciudad pequeña, la capital de provincia menos poblada de España, con algo menos de 36.000 habitantes. Pero eso también contribuye a su encanto.

Un recorrido por Teruel puede empezar por la plaza del Torico, auténtico símbolo de la ciudad. El nombre de este enclave se debe a la fuente que preside la plaza, remodelada en 2007. La fuente data del año 1858 y está coronada por una pequeña estatua representando un toro, situado encima de una columna. La vinculación del toro con la ciudad se pierde en el terreno de la leyenda, pero el símbolo del toro con una estrella aparece incluso reflejada en el propio escudo y bandera de la ciudad.

La ciudad fue fundada en el año 1171, después de que el rey aragonés Alfonso II tomara una fortaleza defensiva musulmana, Tirwal. Para defender mejor la zona otorgó distintos fueros y privilegios. Es aquí donde comienza a modelarse la leyenda. Se dice que los encargados de fundar la ciudad buscaron presagios positivos para emprender la tarea y que uno de ellos fue precisamente un toro que mugió bajo la figura de una estrella. El mismo nombre de la ciudad podría estar relacionado con este animal o ser una deformación del nombre de la fortaleza árabe.

En todo caso, tras la fundación de la ciudad y debido a su localización estratégica, ganó mucha importancia y buena prueba de ello fueron las construcciones de estilo mudéjar que se levantaron en la ciudad. Todavía hoy pueden admirarse varios de estos edificios, especialmente la catedral de Santa María de Mediavilla, y las iglesias de San Pedro, San Martín y del Salvador, todas ellas incluidas por la UNESCO en su catálogo de Patrimonio de la Humanidad bajo el epígrafe de la Arquitectura Mudéjar de Aragón.

La mejor manera de empezar el recorrido por el Teruel medieval es la plaza de la Catedral. Este edificio se inició en estilo románico tras la fundación de la ciudad, se añadió una torre mudéjar a mediados del siglo XIII y posteriormente el arquitecto morisco Juzaff amplió en ese mismo siglo el edificio original añadiendo tres naves mudéjares. Se harían algunos añadidos y reformas en estilo plateresco mudéjar en el siglo XVI, pero la principal modificación fue la portada del templo, realizada en 1909 en estilo neomudéjar por el arquitecto catalán Pablo Monguió, uno de los grandes artífices del modernismo en la ciudad.

Las torres más antiguas, San Pedro y la Catedral,  son de mediados del siglo XIII. De similar tamaño, su decoración es sobria en comparación con las que se levantaron posteriormente y tiene una clara influencia románica. El exterior del ábside de San Pedro posee una gran belleza y está rematado por unos pequeños y esbeltos torreones. De la Catedral, declarada Monumento Nacional desde 1931, el elemento de construcción más significativo es su techumbre de madera con unas valiosas pinturas.

Ya en el siglo XIV, se levantaron las torres de El Salvador y San Martín. A su construcción se le adjudica una hermosa y trágica leyenda de amor que cualquier turolense sabe contar. Ambas son de mayor tamaño que las anteriores y poseen una exuberante riqueza decorativa. En ellas aparecen ya con claridad los rasgos góticos.

En época renacentista, sobre el crucero de la Catedral se levantará un hermoso cimborrio mudéjar de gran esbeltez. De la misma época es la torre de la Merced en el arrabal turolense. Tal importancia tuvo para la ciudad el mudéjar que, cuando a comienzos del siglo XX surgió el modernismo, esté se inspirará en él en gran medida dando lugar a lo que se conoce como neomudéjar.

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