La Palma: la isla bonita

La Palma - Atardecer en la Playa de los Nogales

Atardecer en la Playa de los Nogales

Hablamos hoy de un paraíso por descubrir, alejado del turismo de masas, donde disfrutar de una naturaleza y una cultura únicas. Es la isla de La Palma, en Canarias. A medio camino entre Madeira y el Trópico de Cáncer, esta singular y pequeña isla forma parte del archipiélago canario, afortunado por sus temperaturas estables durante la mayor parte del año y por una ubicación privilegiada, donde la vida transcurre a un ritmo pausado. Esta pequeña isla de paisaje volcánico es uno de esos destinos por descubrir que nos ofrece un sinfín de planes, con una naturaleza sorprendente, un auténtico paraíso para los amantes del senderismo y las rutas en bicicleta, Parques Naturales, playas de arena volcánica, observación de las estrellas en uno de los cielos más limpios del planeta, avistamiento de delfines y ballenas y una cultura colonial que impregna todo el territorio.

Popularmente conocida como la isla bonita, La Palma es un pedacito de roca volcánica de apenas 700 kilómetros. Pese a sus modestas dimensiones, bien podría considerarse un planeta en miniatura por la diversidad de ecosistemas que concentra: desde bosques de pino canario, a extensiones de plataneras, retazos de la selva de laurisilva que un día cubrió la Macaronesia –formada por las Islas Canarias, Cabo Verde, Azores, Islas Salvajes y Madeira– y campos de lava con rocas de formas singulares.

La Palma, que en su día hogar de uno de los puertos más estratégicos del mundo, ha ofrecido refugio a aventureros, viajeros y comerciantes durante más de 500 años. Es una isla diferente al resto de las Islas Canarias, con una cultura única, con una gran influencia colonial, cubana y venezolana especialmente, que se aprecia en su arquitectura, sus fiestas y su artesanía.

Es la isla perfecta para los amantes de la tranquilidad y el disfrute de una naturaleza impactante. No se encuentran grandes hoteles ni una ajetreada vida nocturna, y sus costas permanecen casi vírgenes, ajenas al boom inmobiliario que ha invadido la costa peninsular española. Desde las profundidades del Universo hasta los impenetrables bosques de laurisilva, la isla de La Palma nos hechiza gracias a la fuerza y la magia de su naturaleza, postulándose como un auténtico paraíso para los caminantes, invitándonos a disfrutar y conocer parajes de inusitada belleza, teñidos de exuberante vegetación y de una intensa luz.

La Palma - Cielo nocturno desde el Observatorio astronómico del Roque de los Muchachos

Cielo nocturno desde el Observatorio astronómico del Roque de los Muchachos

La isla es el destino perfecto para una escapada en pareja, explorando sus mil atractivos, sus rutas panorámicas y los paseos por sus asombrosos paisajes.

La Palma, la única isla canaria que tiene agua en la superficie –hay un riachuelo, manantiales y hasta alguna cascada–, luce todo el año un manto verde que contrasta enormemente con las formaciones rocosas de lava negra de la isla, así como las aguas azul celeste del Atlántico. Esto es así sobre todo en la costa norte, donde las montañas extremadamente escarpadas forman valles profundos que protegen ecosistemas únicos situados unos junto a otros, a menudo en la cara opuesta de una misma colina. Recorriendo las serpenteantes carreteras del norte vemos cómo el paisaje se transforma por completo a cada curva.

La Pequeña Habana

Cualquier viaje a esta isla empieza en la colonial Santa Cruz de La Palma, la capital isleña. Fundada en 1493 –es una de las ciudades canarias más antiguas–, su dilatada historia se percibe en la asimétrica plaza de España, por la que fluye a diario la tranquila vida palmera. A ella se asoman la iglesia renacentista de El Salvador, con su destacada torre, y el Ayuntamiento (1559), el edificio civil más importante de la isla, que fue construido sobre los cimientos del que incendió el pirata francés François Leclerc en 1553.

Balcones en Santa Cruz de La Palma

Balcones en Santa Cruz de La Palma

La Avenida Marítima, dominada en un extremo por el castillo de Santa Catalina, cuenta con restaurantes y bares especializados en pescado y restaurantes donde disfrutar de mojos palmeros, quesos y vino dulce malvasía. Declarada en su totalidad Bien de Interés Cultural, recorrerla a pie es una experiencia única que permite disfrutar de su glorioso pasado como uno de los puertos principales del Imperio español en el siglo XVI, y que tiene su reflejo en sus valiosos edificios, los balcones en la Avenida Marítima, de clara influencia colonial, con su aspecto multicolor y sus galerías engalanadas con un sinfín de plantas y flores. Desde Santa Cruz de La Palma puedes dirigirte también al Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, una de las tallas más antiguas de las islas, de gran devoción para los palmeros.

El patrimonio arquitectónico colonial de la isla es extraordinario, y no solo en su capital, sino también en poblaciones como Tazacorte, que goza, además de extraordinarias playas de arena negra y una plaza de España muy singular, de estilo modernista, que se puede visitar en Los Llanos de Aridane. Muy cerca, en El Paso, merece una visita el Museo de La Seda, que nos permite realizar un recorrido histórico desde el nacimiento de la seda, en el lejano Oriente, hasta su llegada a Europa, y posteriormente a las Islas Canarias.

En cuanto a fiestas, cabe destacar la Bajada de la Virgen de las Nieves, que se celebra cada cinco años en las dos primeras semanas de julio. El punto fuerte es la Danza de los Enanos, que fascinan por su habilidad de pasar de hombres a enanos y su mágico baile.

Una isla con mil climas

Hace siglos, la acción de los volcanes submarinos elevó la isla hasta los 2.426 metros del Roque de los Muchachos, su cota más alta, y creó una orografía de grandes desniveles. Este relieve se aprecia cuando, desde Santa Cruz de La Palma, se asciende por la sinuosa carretera que lleva a los telescopios del Instituto de Astrofísica, instalados al pie del Roque. Las diferentes altitudes favorecen que existan climas diversos a la misma hora. Así, mientras en el Roque de los Muchachos amanece un día lluvioso y frío, en la costa igual disfrutan de una jornada soleada.

Gracias a esta singularidad, la flora palmera es también muy diversa. La especie más abundante es el pino canario, el árbol que cubre las laderas de la Caldera de Taburiente. El origen de este cráter es confuso. Se cree que después de que las erupciones elevaran la isla hasta casi 3.000 metros, la erosión del agua y los hundimientos abrieron este cráter de 10 kilómetros de diámetro. Hoy es Parque Nacional y uno de los máximos atractivos de las Islas Canarias. Mientras el pino canario tapiza buena parte de la Caldera, bejeques, helechos, siemprevivas y tajinastes ponen la nota de color sobre las zonas de lava negra.

Sin embargo, donde más abundan estas especies es en el Monumento Natural de Hiscaguán, una zona litoral protegida que se extiende por el noroeste de la isla, entre los municipios de Puntagorda y Garafía.

La ruta de los volcanes

Pero la mejor manera de explorar la isla –declarada en 2002 por la Unesco Reserva de la Biosfera– es caminar por los cientos de kilómetros de rutas bien señalizadas que la atraviesan, desde la Caldera de Taburiente, envuelta en nubes, hasta los famosos bosques de laurisilva, como Los Tilos, y las rápidas aguas de los Nacientes de Marcos y Cordero.

La Palma - La Ruta de los Volcanes

La Ruta de los Volcanes

Quienes dispongan de más tiempo y energía pueden probar la Ruta de los Volcanes, una caminata de unas ocho horas y media por la columna volcánica de la isla, que ofrece panorámicas de las costas este y oeste. Una de las experiencias más recomendables se puede vivir en las noches de luna llena, disfrutando de una ruta de senderismo única mientras observamos el cielo estrellado de la isla. Esta emblemática etapa del sendero GR 131, de 24 kilómetros, parte del refugio del Pilar (1.456 m), cerca del pueblo de El Paso, y discurre de volcán en volcán por un paisaje de lava teñida de tonos ocres y negros.

La Ruta de los Volcanes acaba en la Punta de Fuencaliente, un enclave con salinas parceladas junto al mar. Quienes quieran más experiencias deberían acercarse en coche hasta el extremo sur de la isla para visitar el Teneguía, el último volcán en activo español. Las rocas de su pequeño cono rojizo todavía guardan el calor de la última actividad, de 1971.

La Caldera de Taburiente

Uno de los atractivos más conocidos de La Palma es la llamada Caldera de Taburiente, un enorme circo de ocho kilómetros de diámetro con aspecto de caldera, donde las múltiples erupciones volcánicas, grandes deslizamientos, la fuerza erosiva del agua y el tiempo, han ido modelando su morfología, convirtiéndola en un escarpado paisaje con cerca de dos mil metros de desnivel.

La Palma, cascada en La Caldera de Taburiente

Cascada en La Caldera de Taburiente

En el parque domina el pino canario (que se reconoce por tener tres hojitas en lugar de dos), acompañado por especies como el amagante y especies endémicas que solo crecen en las escarpadas paredes y roques, como el retamón, la violeta o la bencomia extipulata. Pasear por estos paisajes y contemplar la cascada de nubes, que recibe este nombre porque no pasan de determinado punto por efecto de los vientos alisios, es un regalo para los sentidos.

El recorrido arranca en el Mirador de Brecitos, atraviesa la zona de acampada situada en el centro del cráter y desciende por el barranco de las Angustias. Se tarda cuatro horas, es una caminata bastante sencilla, incluso para principiantes, y da idea de muchos de los ecosistemas de la isla, con unas vistas espectaculares a lo largo del camino. Dependiendo de la temporada, hay lugares donde refrescarse sumergiéndose en los arroyos, aunque en pleno verano suele haber menos agua. Hay mapas e información disponible a las entradas de los parques y las reservas naturales, y también en páginas web como www.magrama.gob.es/es/red-parques-nacionales/ o www.senderosdelapalma.es

San Antonio y Teneguía

Terminada la caminata nos dirigimos rumbo a Fuencaliente. Allí, en 1971, tuvo lugar la última erupción, de la que surgió el volcán Teneguía, que sigue estando en el punto de mira de los científicos por seguir candente. El paisaje sobrecoge a medida que nos aproximamos al volcán San Antonio, que acoge un centro de interpretación sobre vulcanismo. Parte de los materiales expulsados por el volcán fueron ganando terreno al mar en un grandioso espectáculo pirotécnico que no tardó en atraer a la isla a miles de visitantes. Estas tierras se convirtieron más tarde en una oportuna plataforma sobre la que extender los cultivos de plataneras y los cultivos de vid.

Tras recorrer la boca del volcán San Antonio –cuya última erupción se remonta a 1677– ponemos rumbo al faro de Arenas Blancas, cerca del manantial que se intenta recuperar para su explotación. Es como llegar al fin del mundo. Los vientos aquí soplan con fuerza y dibujan un paisaje singular, con el contraste del negro de los materiales volcánicos y los colores de las salinas adyacentes.

A los pies de las montañas y fuera de los bosques también hay mucho que explorar. Cerca de la capital, Santa Cruz, se encuentran algunas de las playas más accesibles, como Los Cancajos y playa de Bajamar, también conocida como playa de las Focas. La zona de Los Cancajos cuenta con un buen número de restaurantes, cafeterías y bares.

La Palma - Fiesta de los Indianos

Fiesta de los Indianos

La mitad sur de la isla también alberga algunas hermosas playas, entre ellas la playa de Arenas Blancas (Salameras), entre Mazo y Fuencaliente, en la costa sureste y cerca del faro de Punta el Lajio. La playa es bonita y segura para nadar, algo a tener en cuenta en la isla, ya que las fuertes corrientes pueden hacer que en algunas aguas el baño resulte peligroso.

También merece la pena visitar la pequeña cala de El Charco Verde, localizada cerca de Puerto Naos y una de las playas más tranquilas (y seguras) para el baño. En Fuencaliente se encuentran asi mismo la playa del Faro, la de la Zamora y la playa Chica, todas ellas de arena negra, asombrosamente bellas y embutidas entre los volcanes y el mar. Con un irónico nombre, la única playa nudista de la isla es la playa de las Monjas, situada a 1,5 kilómetros al sur de Puerto Naos.

Es obligado darse una vuelta por la costa norte, con sus picos montañosos, sus valles profundos y sus vistas espectaculares, y aunque se pare solo una vez para comer, el viaje ocupará buena parte del día debido a las características de las carreteras, que tienen una cantidad increíble de curvas.

La Palma - Suite Hotel Hacienda de Abajo

Suite Hotel Hacienda de Abajo

La Galga y Playa de Nogales

Este sendero autoguiado de El Cubo de la Galga atraviesa uno de los ecosistemas más frágiles de la isla. Es una ruta que permite conocer los principales valores naturales y culturales del entorno. Se puede admirar una de las mejores manifestaciones de laurisilva de las Islas Canarias, tupidos bosques de laureles y helechos gigantes. El juego de luces que penetra la espesa vegetación, el murmullo del agua y el sonido de las aves que vuelan a placer entre las copas de los árboles crean un ambiente mágico.

El sendero parte en el kilómetro 16 de la LP-1 desde el punto de información ambiental situado a mano izquierda. Aquí se puede dejar el vehículo. El primer kilómetro del sendero está asfaltado. A unos 500 metros hay una indicación que da lugar a confusiones. Está indicado como La Galga. No tomes este desvío. Sigue hacia arriba. Al coronar el sendero (siempre en trayectoria ascendente) unas 2 horas después del inicio, puedes continuar hacia el Mirador de la Somada Alta.

Las vistas desde este mirador son espectaculares. Tras la ruta de El Cubo de la Galga, por la mañana, no hay mejor opción que darse un buen chapuzón en las cercanas piscinas naturales del Charco Azul. Se trata de un conjunto de piscinas naturales de gran belleza que fueron acondicionadas de tal manera que puede tomarse el baño en cualquier época del año. Están compuestas por una piscina grande, otra infantil y una charca llamada Charco de las Damas.

De la Playa de Nogales se dice que es la mejor playa de arena negra y fina de la isla. Tiene 490 metros de longitud y hay que ir a conocerla, pues en mi opinión es de una gran belleza. El acceso es únicamente a pie y transcurre por un sendero precioso a pie de los acantilados, en un paseo de 20 minutos.

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