Cantabria, un programa alternativo para conocerla

Noja, Cantabria

Noja, Cantabria

Seguro que alguien que conoces ha estado este verano de vacaciones en Cantabria. Y nada, que te habrá contado lo típico: que si Santillana del Mar, que si Suances, Laredo o Santoña; que si el casoplón de Emilio Botín en Santander; que si los osos de Cabárceno; que si ni rastro de Bustamante en San Vicente de la Barquera (normal, está en Miami); que si pantortillas, sobaos y quesadas; que si la cueva del soplao…. En fin, lo clásico, lo que hace todo el mundo. Esta es la Cantabria más conocida y sobada, la que cada verano recibe cientos de miles de visitantes deseosos de cobijarse del calor peninsular en el oasis cántabro. Pero nosotros queremos algo distinto.

Ahora que llega la temporada de otoño/invierno, aunque en realidad se puede realizar durante todo el año, te proponemos un plan C, un programa alternativo a lo convencional, una manera de explorar la tierruca conociendo otro tipo de pueblos, alojándonos en lugares mágicos y practicando actividades todavía no masificadas. Planes para sumergirnos un fin de semana o bien alternarlos con otras visitas más típicas. Este es nuestro plan C, el plan Cantabria.

CAMINAR POR CABÁRCENO

A Cabárceno se puede ir a hacer lo típico: coger el coche y recorrer sus más de 30 kilómetros de carretera para ver osos, gorilas, elefantes, jirafas, rinocerontes, y el resto de especies exóticas que lo puebla, o disfrutar del parque de manera diferente. Nuestra propuesta es que dejes el auto aparcado en uno de los restaurantes y hagas la visita a pie. Cógete la mochila, la cámara de fotos, buen calzado y prepárate para recorrer un pedazo de la sabana africana en el sur de Europa. El “Cantabric Park” tiene una extensión de más de 750 hectáreas en los que salen a nuestro paso elefantes, lobos, osos, jirafas y cualquier animal imaginable. Una antigua mina de hierro en la sierra de Peña Cabarga convertida en parque de la naturaleza y donde las rocas guardan secretos mineros.

CONTEMPLAR PÁJAROS EN NOJA

La playa de Ris, en Noja, es una de las más bellas de Cantabria con sus enigmáticas rocas con forma de punta y en la que la naturaleza está practicamente intocable. Es el lugar ideal para iniciar una ruta de avistamiento de aves (Bird Watching, o Pajareando en su versión española) por los alrededores de este litoral. Con potentes prismáticos iremos a la caza de las aves que pasan el otoño y el invierno en las bellas zonas de las marismas Victoria, el Joyel o el monte Tregandín.

CONSERVERAS EN SANTOÑA

Si hay algo por lo que es conocida Cantabria son sus excepcionales anchoas. Mucho antes de que su anterior presidente, Miguel Ángel Revilla, las hiciera nacionalmente conocidas al entregárselas como regalo a todos los presidentes del Gobierno. Santoña es “anchoista”. Es digno de admiración ver como sus hombres y mujeres se afanan en conservar la artesanía en la elaboración de un producto que no conoce fronteras. Como el Ibérico de la dehesa, la anchoa es del Cantábrico, que no te vendan imitaciones de otros lugares e incluso otros continentes. Conservas Codesa o Emilia abren sus fábricas a los visitantes para que puedan ser testigos del proceso de elaboración y certificar porqué medio kilo de anchoas cuesta lo que cuesta.

DE MARCHA EN CAÑADIO

La noche en Santander es corta. Sólo unas cuantas horas no dan para probar todos los pinchos que podemos encontrar en la zona de Cañadio. Un barrio lleno de bares para tapear y pubs repletos de buena música. Bodegas Mazón es una buena opción, situado todavía lejos de ruidos y aglomeraciones, para tomar unos pinchos de anchoas con queso fresco o unas croquetas de jamón. En el meollo del barrio, El Río de la Pila tiene unas angulas fantásticas y buena cerveza de barril. Las copas hay que tomarlas en el Black Bird, garito emblemático y de las pocas salas de conciertos de la ciudad, y en el Garage Sónico, lo más parecido a Malasaña que podemos encontrar en la capital santanderina. Para terminar, si hace buena temperatura nadie desprecia un paseo por el puerto, respirando agua salada y viendo el reflejo de la noche en el mar, aún más intrigante y emocionante si cabe.

CUENTO DE HADAS EN EL BOSQUE DE LA ANJANA

Cantabria es propicia para todo este tipo de seres: gnomos, elfos, trolls, brujas…y, por supuesto hadas. Antonio es un enamorado de estos seres mágicos que ha plasmado sus excentricidades en la Posada Rural El Bosque de la Anjana, cercana al parque de Saja. Cada habitación está decorada en función de un hada distinto, cambiando su personalidad hasta el más mínimo detalle. Además tiene un restaurante servido por Joanna, la “gran camarera barcelonesa”, que también es peculiar. Entre sus platos estrellas está el carpaccio de cebra y venado a engullir con una cerveza de entre las más de 100 variedades que tiene.

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